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Entregas tu pluma como quien ofrenda
(a César Lévano)
Jamás fuiste un santo
pero entregaste tu pluma como quien ofrenda su sangre
para denunciar la injusticia y el hambre
para atenuar el dolor de los humillados y ofendidos
para fustigar a los tiranos de turno
Ése es el César que conocí de niña
en su cálido hogar, junto a su bella esposa
su música mágica y sus ojos vivaces
Avanzas color esmeralda esta estación
todo un reportero recorrido un guerrero
a prueba de balas No tuviste actitudes ambiguas
Acaso tuviste que acostumbrarte a sentir el silencio
la indiferencia / otras pieles distantes
Pero tu corazón magenta pudo más
en el camino perdiste amigos, colegas, camaradas
cada huella ajena como propia sobre la piel calcinada
perdimos a José María, a Juan Gonzalo, a Gustavo, a César
y no hace mucho a Alfredo Torero, ese ser dignísimo
que murió de Perú como nuestro universal Vallejo
y ayer a Panchito Izquierdo, el pintor de los de abajo
No sé si tu color cobrizo te trajo dificultades
o el color de tus ideales rebeldes
o tu caminar herido por la patria encarcelada
Sigue mirando a todas partes, compañero
arráncale los ojos a los buitres y a los gangsters
total son la misma cosa la misma mierda escondida
ese zafarrancho de traidores
Hoy cumples 81 años invictos
Manuel Acosta Ojeda y todos tus amigos
te cantan serenatas añejas
valses criollos de todos los confines
Mientras tú silbas distraído aquella melodía rusa
la que me cautivó de niña en tu casa dormida
esta peregrina te entrega un clavel
esta ínfima carta y una canción:
Quisiera ser alcohol para evaporarme de una vez
y sentir...
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